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Citas literarias: sobre saber idiomas

No se entienda por esta cita que pretendo decir que no se debe aprender idiomas. Aprender idiomas no es sólo fuente de cultura; al presentarnos otras maneras de ver el mundo enriquece también nuestra tolerancia y nuestra capacidad para comprender puntos de vista ajenos. Aunque esta cita, en realidad, habla más del poder del dinero que del de los idiomas, por eso resulta atinada y cierta.
Era algo natural en ella. Antes de un año de casada se movía por el mundo con la misma soltura con que lo hacía desde niña en el moridero de San Juan de la Ciénaga, como si hubiera nacido sabiéndolo, y tenía una facilidad de trato con los desconocidos que dejaba perplejo al marido, y un talento misterioso para entenderse en castellano con quien fuera y en cualquier parte. “Los idiomas hay que saberlos cuando uno va a vender algo - decía con risas de burla -. Pero cuando uno va a comprar, todo el mundo le entiende como sea.” Era difícil imaginar a alguien que hubiera asimilado tan rápido y con tanto alborozo la vida cotidiana de París, que aprendió a querer en el recuerdo a pesar de sus lluvias eternas. Sin embargo, cuando regresó a casa abrumada por tantas experiencias juntas, cansada de viajar y medio adormecida por el embarazo, lo primero que le preguntaron en el puerto fue cómo le habían parecido las maravillas de Europa, y ella resolvió dieciséis meses de dicha con cuatro palabras de su jerga caribe:
-Más es la bulla”.

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