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Citas literarias: sobre el error adolescente

Tenía pendiente una segunda cita de esta estupenda novela que es Adiós, hasta mañana. El narrador atormentado porque, hace muchos años, en el pasillo del instituto, se encontró después de más de un año – y algunos acontecimientos – con su mejor amigo y, en lugar de hablarle, hizo como que no le veía.
Suelo decir, y quizá me hayáis escuchado, que el privilegio de ser adolescente es que todavía se tiene derecho a equivocarse. Algo parecido viene a decir el comienzo de esta cita. Y, sin embargo, como dice a continuación, hay errores que cometimos en la juventud que de vez en cuando vuelven a nuestro recuerdo y no dejamos de lamentar.
Es indudable que lo que podemos exigir a nuestro ser adolescente tiene un límite. Y seguir teniendo remordimientos por algo que sucedió hace tanto tiempo no tiene ningún sentido. Aun así, me siento culpable. Un poco. Y tal vez me pase toda la vida, cuando piense en él. Pero no sólo me planteo aquel error que cometí. También pienso en él, en lo que pudo sucederle. Si se libraría de ver el cuerpo ahogado de su padre. Si al cabo de un tiempo él y su madre fueron capaces de mirarse sin pasar vergüenza. Si estaría tan solo como yo al irse a vivir a Chicago. Y si la serie de acontecimientos iniciada con la muerte de Lloyd Wilson acabaría perdiendo verosimilitud y pareciéndose más a algo que Cletus pudo haber soñado, para que en vez de quedarse atascado ahí pudiera seguir adelante y, Dios mediante, vivir una vida propia, libre de los estragos de un drama ajeno a su voluntad”.
William Maxwell, Adiós, hasta mañana.

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