Manuel Vázquez Montalbán
El despertar del sábado 18 de octubre de 2003 nos sorprendió con la muerte, durante la madrugada, de Manuel Vázquez Montalbán, de infarto múltiple, en el aeropuerto de Bangkok. Vázquez Montalbán fue uno de las más importantes intelectuales de nuestro país durante las últimas décadas del siglo XX y, sin duda, uno de los más comprometidos. Trabajador incansable, es autor de una extensa bibliografía y de innumerables artículos periodísticos. Para la Literatura nos dejó, como obra más popularmente reconocida, la creación del personaje de Pepe Carvalho, con el que nace, en la agonía del franquismo, la novela negra española.
Pero no escribo estas líneas para glosar su figura literaria e intelectual (ampliamente glosada en libros y medios de comunicación), sino para dedicarle el homenaje de mi gratitud, como hace casi dos años hice en las páginas de este blog a la muerte de la profesora Elena Catena.
En el otoño de 1996, la directora de mi tesis doctoral, leída en mayo de ese año, la profesora Gloria Rokiski, consiguió que la Asociación de Libreros de Viejo la publicara como libro no venal conmemorativo de la Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo que se celebraría en septiembre del año siguiente. Y algunas semanas o meses más tarde, no recuerdo las fechas con exactitud, me montó en su coche y nos fuimos al campus de Somosaguas a ver al profesor Carlos Blanco Aguinaga (una de las más grandes figuras de la Filología Hispanica), amigo de ella, de paso por Madrid (era profesor en California). La profesora Rokiski había pensado que nadie podría ser más adecuado para prologar el libro que Manuel Vázquez Montalbán y nadie más adecuado para ponernos en contacto que Blanco Aguinaga. Para mí, puramente un sueño de esos que te hace levitar. Blanco Aguinaga nos puso en contacto y nos facilitó la dirección y el teléfono de Vázquez Montalbán. Y así, muerto de vergüenza, pero con el atrevimiento que también en otras ocasiones me ha dado mi pasión por la Literatura, le llamé a su domicilio y mantuvimos varias conversaciones cordiales. Una de ellas, un sábado por la tarde en el que se jugaba un importante Barsa - Madrid, por lo que me despedí deseándole mucha suerte; al quedarse sorprendido - "¿pero usted no me llama desde Madrid?", me dijo - tuve que aclararle que los madrileños no somos necesariamente madridistas. Una mañana de primavera, casi me despertó para decirme que me enviaba su prólogo por fax en ese momento. Un trabajo que realizó gratuitamente y con una generosidad enorme (en una conversación posterior el profesor Santos Sanz Villanueva me explicó cuál sería, más o menos, el precio de ese texto). Estaba en su casa; tres horas más tarde, a las diez o las once de la mañana, estaba dando una conferencia en la librería Blanquerna, en Madrid. Allí tuve la ocasión de saludarle personalmente.
Aquel 18 de octubre de hace hoy diez años la muerte inesperada de Manuel Vázquez Montalbán me conmocionó profundamente. Como muy pocas. Mi deuda de gratitud con él, se convertía, en ese momento, en eterna.
Seis años más tarde, el domingo 18 de octubre de 2009, a estas mismas horas a las que ahora escribo estas líneas, falleció mi padre, de infarto múltiple, en casa y ante mis ojos. Comprenderéis, naturalmente, que no os voy a hablar aquí de él, pero también, que en el recuerdo emocionado de esta fecha no puedo dejar de tenerle presente. Como cada día desde entonces.
Aquel 18 de octubre de hace hoy diez años la muerte inesperada de Manuel Vázquez Montalbán me conmocionó profundamente. Como muy pocas. Mi deuda de gratitud con él, se convertía, en ese momento, en eterna.
Seis años más tarde, el domingo 18 de octubre de 2009, a estas mismas horas a las que ahora escribo estas líneas, falleció mi padre, de infarto múltiple, en casa y ante mis ojos. Comprenderéis, naturalmente, que no os voy a hablar aquí de él, pero también, que en el recuerdo emocionado de esta fecha no puedo dejar de tenerle presente. Como cada día desde entonces.

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