Header Ads

Leyendo El sí de las niñas

Retrato de Moratín, por Goya (1824).
La comedia neoclásica es la única
capaz de instruir al pueblo en lo que necesariamente debe saber, si ha de ser obediente, modesto, humano y virtuoso; de extinguir preocupaciones y errores perjudiciales a las buenas costumbres y a la moral cristiana, sin las cuales ni las leyes obran, ni la autoridad se respeta; de preparar y dirigir como conviene la opinión pública para que no se inutilicen o desprecien las más acertadas provisiones del Gobierno dirigidas a promover la felicidad común, que todo esto y mucho más debe esperarse de un buen teatro”.
Leandro Fernández de Moratín.

Los ilustrados del siglo XVIII vieron en el teatro la mejor escuela de costumbres. Pretendieron enseñar divirtiendo mediante la comedia neoclásica. Por ello, la reforma del teatro – tanto en lo referente a los aspectos materiales de su representación (la preparación de los actores, los decorados…) como en lo relativo a los contenidos argumentales e ideológicos de las obras (pervivencia del teatro barroco, la comedia de magia…) – constituyó la más importante batalla estética del siglo XVIII español. En ese contexto se inscriben la prohibición en 1765 de los autos sacramentales, el ensayo Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y las diversiones públicas y sobre su origen en España de Jovellanos – que aborda en profundidad la reforma del teatro - y la obra dramática de Leandro Fernández de Moratín. (Madrid, 1760 - París, 1820).
Tras los precedentes de su padre, Nicolás Fernández de Moratín, de  Tomás de Iriarte y del propio Gaspar Melchor de Jovellanos, Moratín es el más importante autor dramático del siglo. Su obra teatral, junto a La comedia nueva o el cáfe, y El sí de las niñas - sus títulos fundamentales - se completa con El viejo y la niña (1790), El barón (1803) y La mojigata (1804).
Si La comedia nueva (1792), con su crítica del drama heróico y la comedia de magia, puso en escena la propuesta teatral ilustrada, El sí de las niñas (1806) supone la obra cumbre de Moratín y del teatro del XVIII. Para su estreno Moratín tuvo ocasión de poder poner en práctica las anheladas reformas. La acogida del público significó un éxito sin precedentes, que sólo pudo parar la llegada de la Cuaresma – en la que se suspendían las representaciones teatrales -.
El sí de las niñas se atiene a los preceptos teatrales neoclásicos; cumplimiento de la llamada “regla de las tres unidades” – acción, tiempo y espacio -, división en tres actos en los que la trama se presenta, se desarrolla y tiene, finalmente, desenlace, verosimilitud, personajes que emplean un lenguaje natural y en prosa -abandonando el verso como antes sólo lo habían hecho La comedia nueva y El delincuente honrado (1773), de Jovellanos -… El sí es modelo de comedia neoclásica y de su finalidad: enseñar divirtiendo. 
A través del convenido matrimonio de la joven doña Paquita con don Diego que finalmente no llega a celebrarse; del juicio sensato e ilustrado de don Diego que evitará a tiempo la boda para dar paso al amor de doña Paquita y don Carlos triunfando con ello la luz de la razón al tiempo que amanece en la posada donde los personajes se encuentran; del comportamiento sereno y obediente de don Carlos – sobrino de don Diego -; y – por contraste - de la bien intencionada pero caduca doña Irene – madre de doña Paquita -, Moratín critica algunos aspectos de la sociedad de su época que preocupaban a los ilustrados. El sí critica los matrimonios de conveniencia – resultan irracionales, la diferencia de edad dificulta que la pareja tenga hijos y la falta de un sentimiento sincero de amor facilita el inmoral adulterio -, critica la educación en “el arte de mentir y callar” que reciben las jóvenes de la época (recordemos las intervenciones de doña Paquita y las interrupciones de su madre) y critica la hipocresía en la que esa educación se fundamenta y en la que nada sano puede fundamentarse (recordemos la intervención de don Diego en la escena VIII del acto tercero – “ve aquí los frutos de la educación” – que desencadena el final feliz de la obra).
Sin duda, poco se parece nuestra sociedad a la que refleja El sí de las niñas, sin embargo, su defensa de lo racional como guía de nuestros comportamientos, del derecho a decidir sobre nuestras propias vidas, del amor como fundamento del matrimonio, su advertencia sobre los males que pueden nacer de un boda no basada en sentimientos sinceros, su crítica de la hipocresía y de la mentira, su defensa de la educación basada en la sinceridad y en la honestidad… siguen vigentes hoy. Y siguen vigentes porque – como es propio de las grandes obras literarias – El sí de las niñas nos muestra valores que son universales. Es esto lo que llama poderosamente la atención en la lectura de El sí.
Podéis leer El sí de las niñas aquí:



Os dejo también una versión radiofónica:

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.