La literatura ilustrada
El Clasicismo surgido en Francia durante el siglo XVII dio lugar en el XVIII a la Ilustración o Siglo de la Luces. La Ilustración es un movimiento cultural que tiene su fundamento en el racionalismo y en el desarrollo del método científico. La Ilustración tiene por objetivo el progreso y alcanzar la felicidad y el bien común de las personas y fomentar virtudes como la tolerancia y la filantropía. Para lograrlo confía en el uso de la razón poniendo en cuestión todas las creencias y el principio de autoridad y fomentando el espíritu crítico, y en el desarrollo científico. Así, el conocimiento se separó de las creencias religiosas. El despotismo ilustrado es la forma de gobierno que, mediante las reformas sociales, culturales y económicas y la educación del pueblo, pretende alcanzar el progreso y el utilitarismo; su conocido lema es “todo para el pueblo, todo por el pueblo, pero sin el pueblo”. Como consecuencia de esta política reformista se fomentó el desarrollo de la agricultura, la industria y el comercio. A estas reformas contribuyeron los avances logrados por las ciencias gracias al método experimental nacido con la física newtoniana.
Las ideas ilustradas y el crecimiento de la burguesía favorecieron, políticamente, un proceso que culminó con la independencia de Estados Unidos en 1776 y la Revolución Francesa en 1789, acontecimientos sobre los que se sustenta el mundo contemporáneo.
En el arte, el Barroco, en algunos países como España, mantuvo una fuerte influencia hasta mediados del siglo, desarrollándose el Rococó; una variante del Barroco de carácter elegante, galante y delicado que representaba el ambiente aristocrático o elementos mitológicos y que tuvo su principal expresión en la pintura, la literatura erótica y en las artes decorativas
El agotamiento del Barroco y el Rococó dio paso al Neoclasicismo que, pretendiendo la imitación del arte griego, es la expresión artística de los ideales ilustrados y de sus intenciones didácticas, que favorecen el fomento del teatro como vehículo de educación del pueblo. En las formas se busca el equilibrio y la sencillez.
En las décadas finales, surgió un movimiento que, manteniendo los ideales ilustrados, defiende la importancia del sentimiento frente a la razón y los valores del individualismo y la libertad. A este movimiento lo conocemos como Prerromanticismo. Si bien Rococó, Neoclasicismo y Prerromanticismo parecen estilos diferenciados, sin embargo, se superponen, se influencian y los encontramos indistintamente en la obra de un mismo autor.
El ensayo
Las tertulias literarias nacidas en Francia durante el Clasicismo del siglo XVII tuvieron gran importancia durante la Ilustración como lugar de debate y de difusión de ideas, contribuyeron a la publicación de la Enciclopedia o, como la de madame de Staël, al final del siglo, a la aparición del prerromanticismo.
Un hito cultural de especial relevancia fue la publicación de la Enciclopedia, una obra que recogía ordenadamente todos los conocimientos de la época, coordinada por Diderot y D’Alembert. Sus 17 tomos se publicaron entre 1751 y 1772. La Enciclopedia, en nombre del progreso, discutía el principio de autoridad.
El predominio de la razón y el afán de conocimiento favorecieron el desarrollo del ensayo, género nacido en el siglo anterior de la pluma de Montaigne. Siguiendo su ejemplo, el ensayo se caracteriza por su temática variada, el subjetivismo, la intención reflexiva y didáctica, la estructura expositiva y argumentativa y el estilo claro y elegante.
Entre los ensayistas franceses destacaron Montesquieu (1688 – 1763), Voltaire (1694 – 1778) y Rousseau (1712 – 1778). Monstesquieu, que estableció la idea de separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en la que se basan hoy los sistemas democráticos. Entre sus obras destaca Cartas persas (1721), obra epistolar que pretende criticar los vicios de la sociedad parisina. Voltaire, crítico del despotismo, la religión y la tradición y defensor de la libertad de pensamiento, escribió entre otras obras el Tratado sobre la tolerancia (1763) y Cándido o el optimismo. Rousseau, con su teoría del buen salvaje, defendía que el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad quien le corrompe y que los seres humanos ceden parte de su libertad cuando aceptan vivir en sociedad. Estas ideas las reflejo en Emilio (1762) y El contrato social (1762).
Junto a ellos debemos citar a autores como el filósofo inglés David Hume, el italiano Cesare de Beccaria, cuyo De los delitos y de las penas propone una profunda reforma del derecho penal.
La novela
El ascenso de la burguesía durante el siglo XVIII favoreció el desarrollo de la novela; la literatura encontraba un nuevo público que disponía de tiempo libre para la lectura pero carecía de conocimientos sobre la literatura clásica, la mujer accedió a la cultura, el libro se convirtió en un objeto comercial.
La amplia y exitosa difusión del Quijote – y de la novela picaresca española – en toda Europa ofreció a los escritores europeas un modelo narrativo, el de la novela moderna creada por Cervantes, que aporta verosimilitud, una visión realista (frente a la idealizada nacida con la narrativa medieval) de personajes y ambientes, la incorporación del diálogo, la profundización en la psicología de los personajes, el perspectivismo narrativo, el humor y la sátira…
Todo ello fue especialmente relevante en Inglaterra donde, además, su dominio de los mares favoreció la novela de viajes y aventuras, el espíritu científico las descripciones detalladas y el protestantismo la libertad de pensamiento y la observación interior.
En consecuencia, nació en Inglaterra una novela verosímil cuyos protagonistas pertenecen a la burguesía, que se nos ofrece como modelo y cuya personalidad se analiza y explica en la novela, en la que abundan las descripciones detalladas.
Daniel Defoe (1660 – 1731), que anteriormente se había dedicado al periodismo y el ensayo político, fue el autor de la primera novela de la literatura inglesa; Robinson Crusoe, publicada en abril de 1719 con un éxito tan inmediato que en agosto del mismo año se editó su continuación Más aventuras de Robinson Crusoe. Desde entonces, este relato en primera persona de las aventuras de un náufrago en una isla desierta es una de las obras literarias más editadas y adaptadas del mundo. Robinson Crusoe, presentada en su primera edición como un relato narrado “por el mismo”, resultó muy verosímil para sus lectores, a los que presentaba el ideal burgués del hombre hecho a sí mismo que, mediante el uso de la razón consigue dominar la naturaleza. Moll Flanders (1724) es la más destacable de las otras novelas de Defoe; narra, al modo de la picaresca, la vida de una mujer de baja clase social y su esfuerzo por prosperar en la vida.
Gran éxito obtuvo también Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1667 - 1745), que, mediante los cuatro viajes de su protagonista satiriza la sociedad inglesa de su tiempo y también la novela de viajes.
Henry Fielding (1707 – 1754) fue el autor más influido por Cervantes, especialmente en el tono irónico de su estilo narrativo, hasta el punto de que, junto a su célebre Tom Jones, entre sus obras figura la novela Don Quijote en Inglaterra.
La arriba citada incorporación de la mujer al mundo lector provocó la aparición de una novela sentimental que tuvo sus principales manifestaciones en Pamela o la virtud recompensada – una novela de carácter epistolar que aborda la cuestión del lugar de la mujer en la sociedad del XVIII -, de Samuel Richardson (1689 – 1761), en el éxito de Charlotte Lennox (1730 – 1804) La mujer Quijote, cuya protagonista enloquece por leer novelas de amor, y en las novelas de Jane Austen (1775 – 1817), que anticipan el Romanticismo – Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio… -.
En Francia la novela era tenida por un género menor, sin embargo, se convirtió en un medio eficaz para la transmisión didáctica de las ideas ilustradas. Voltaire (1694 – 1778) escribió, con un estilo irónico, algunas obras filosóficas como la ya citada Cándido o el optimismo, que, como Cartas persas, de Montsquieu, se encuentran a mitad de camino entre el ensayo y la novela. Lo mismo ocurre con el Emilio de Rousseau, autor también de Julia o la nueva Eloísa (1761), novela epistolar de asunto amoroso. Esta novela inspiró la muy exitosa Las amistades peligrosas (1782) de Choderlos de Laclos.
El teatro
El teatro siguió siendo gozando del gusto del público en el siglo XVIII. Los ilustrados vieron en él un instrumento de educación del pueblo e impusieron un teatro moralizante, respetuoso de la verosimilitud, la separación de géneros y de las normas clásicas que cumpliera la llamada regla de las tres unidades (acción, tiempo y espacio) y respetase el decoro (los personajes deben hablar de acuerdo a su condición social).
En Francia, tuvieron gran éxito las tragedias de Voltaire y entre los autores de comedia destacó Pierre Agustin de Beaumarchais por El barbero de Sevilla y Las bodas de Fígaro.
En Italia, el teatro mantuvo la influencia de la comedia del arte y destaco Carlo Goldoni que, respetando el clasicismo dota de un estilo coloquial a sus personajes. De sus obras destaca La posadera (1752).
La poesía
En poesía los preceptos neoclásicos exigían la imitación de los autores grecolatinos y a su métrica y versificación. Se dio también a lo largo del siglo una poesía de intención didáctica. Entre los poetas franceses debemos citar nuevamente a Voltaire y también a André Chénier.
El poeta inglés Alexander Pope (1688 – 1744) tuvo una importante influencia en los poetas ingleses posteriores. De sus poemas destacan los de carácter paródico.

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