Leyendo Don Álvaro o la fuerza del sino
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| Antonio Esquivel, Los poetas contemporáneos (1846). |
Aunque el año anterior se habían puesto sobre las tablas La conjuración de Venecia, de Francisco Martínez de la Rosa, y Macías, de Mariano José de Larra, el estreno el 25 de marzo de 1835 de Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas, supuso – a pesar de las polémicas con los partidarios del teatro neoclásico – el triunfo del drama romántico en nuestro teatro y la irrupción del Romanticismo en nuestra literatura. El Romanticismo irrumpe tras la muerte del Fernando VII de la mano de políticos y escritores liberales que, como Martínez de la Rosa y el Duque de Rivas, habían vivido exiliados en Francia durante el gobierno absolutista de El Deseado y habían conocido allí de primera mano el Romanticismo, movimiento ligado a las corrientes liberales de la época.
Mientras la minoría culta era todavía partidaria del teatro neoclásico, el espectador popular prefería las versiones refundidas del teatro barroco y las espectaculares comedias de magia, de las que el teatro romántico tomó buena parte de sus características y que encontramos en el Don Álvaro junto a otras de indudable raíz barroca, calderoniana fundamentalmente. En un somero repaso de las presentes en la obra de Rivas podemos destacar algunas como:
- el protagonista esconde un misterioso pasado sobre el que especulan los demás, hay en ese pasado motivos que le atormentan y quiere vengar, esconde también su noble origen, se enamora de una mujer imposible – por la rotunda oposición del padre - : don Álvaro es un indiano mestizo descendiente de reyes incas.
- el destino aparece como una fuerza inexorable y fatal que arrastra a los personajes a un final trágico: el disparo accidental que mata al marqués de Calatrava desencadena la huida de don Álvaro, la desaparición de Leonor, la venganza de sus hermanos y los demás acontecimientos que acaban con la muerte de todos ellos.
- el amor imposible, que resulta, en consecuencia, infeliz, y lleva al enamorado al suicidio.
- la acción transcurre en múltiples espacios, frecuentemente nocturnos, - posadas, palacios, conventos, grutas, batallas… - y entre las cinco jornadas en que se estructura la obra transcurren lapsus largos de tiempo. En lógica correspondencia con la multiplicidad de espacios y tiempos, es grande el número de personajes.
- a pesar de la ambientación en el pasado - menos lejano en Don Álvaro que en otras obras románticas -, los personajes se comportan como personas del siglo XIX.
- la escenografía, rica y espectacular, refleja simbólicamente los sentimientos de los personajes.
- la mezcla de verso y prosa (ésta aparece en las escenas costumbristas).
- el pintoresquismo andaluz y el lenguaje popular.
Don Álvaro puede resultarnos hoy inverosímil, grandilocuente, ridículo en algunos momentos, hiperbólico en el comportamiento de sus personajes… pero, en su estreno, puso sobre la escena de nuestro teatro el drama romántico que triunfaba en Europa, de donde llegaba junto a aires de libertad, y planteaba las preocupaciones y los anhelos, artísticos y políticos, de los románticos. Tras Don Álvaro vendrán El trovador de Antonio García Gutiérrez, Los amantes de Teruel de Juan Eugenio Hartzenbusch y la obra dramática de José Zorrilla. Fundamentalmente su Don Juan Tenorio, obra cumbre del teatro romántico, que paradójicamente, al presentar un héroe de características contrapuestas a las del Don Álvaro del Duque de Rivas, supone a la vez el mayor éxito romántico y el final de la década que duró el Romanticismo en España.
El movimiento que abrió Don Álvaro y cerró Don Juan fue breve – diez años, o poco más – pero intenso; como prueba la enorme y larga huella que el Romanticismo dejó – quizá hasta hoy – en los gustos y la cultura popular.
Aquí la versión de Don Álvaro de Televisión Española:
Aquí la versión de Don Álvaro de Televisión Española:

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