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La literatura medieval

Karl Friedrich Lessing, El retorno del cruzado (1835).
La crisis económica y las invasiones bárbaras llevaron a Teodosio a dividir en dos el Imperio romano; Imperio romano de Oriente – o bizantino – e Imperio romano de Occidente. Mientras el imperio bizantino pervivió hasta la toma de Constatinopla por los turcos en 1453, en occidente los pueblos bárbaros pusieron fin al imperio en el año 476. Se impusieron entonces los pueblos germánicos y fundaron nuevos reinos; visigodos en Hispania, ostrogodos y lombardos en Italia, anglos y sajones en Gran Bretaña, francos en Francia y Alemania. Los francos crearon el imperio carolingio. El fin del Imperio romano de occidente marca el inicio de la Edad Media. El cristianismo dio cohesión a los diversos reinos de Occidente.
El extenso periodo de la Edad Media abarca desde el siglo V al XV. En este periodo, la cultura sufrió un fuerte retroceso y la literatura cristiana, inspirada en la Biblia, sustituyó a la grecorromana; la cultura clásica no se conciliaba bien con la fe y el teocentrismo cristianos. No obstante, en los monasterios se conservaron los textos clásicos.
La sociedad medieval estaba jerarquizada en estamentos (rey, nobleza y clero, pueblo) y el feudalismo – reparto de tierras a cambio de servicios -, basado en el vasallaje, fue el sistema que rigió la sociedad medieval, profundamente ruralizada; las ciudades desaparecieron durante la Alta Edad Media y sólo a partir del siglo XII las ciudades volvieron a aparecer y, también entonces, nacen las primeras universidades, que favorecieron, con sus intercambios, la difusión de la cultura. En la Baja Edad Media, el crecimiento de las ciudades dio lugar a una nueva clase social, próspera pero sin derechos; la burguesía. En cambio, en el mundo árabe crecían grandes ciudades como Damasco, El Cairo o Córdoba.
En el siglo XI el Papa Urbano II inició las Cruzadas; guerras en las que los cristianos intentaron arrebatar a los musulmanes el dominio de los Santos Lugares. Las Cruzadas favorecieron en desarrollo del comercio.
Las epidemias y enfermedades azotaron a la población medieval. Especialmente la peste de 1348 que llevó la muerte a, aproximadamente, la mitad de la población europea.
Durante la Edad Media la lengua de cultura fue el latín (en el Imperio Bizantino, el griego); ambas fueron las lenguas empleadas por la Iglesia y las lenguas europeas no empezaron a tener cultivo propio hasta el siglo XII o XIII. La cultura quedó recluida en las bibliotecas de los monasterios. Los textos eran manuscritos y los copistas los encargados de su transmisión hasta la invención de la imprenta en el siglo XV. Los textos se escribían sobre pergamino; en el siglo XII los árabes trajeron de China el papel a Europa.
En la literatura medieval no se busca la originalidad sino la erudición - la imitación de fuentes anteriores – pues su finalidad es didáctica, pretende mostrar cómo comportarse a una población analfabeta casi en su totalidad. Razón por la que se trataba también de una literatura para ser leída o recitada en público.
Conocemos como románico al arte de la Alta Edad Media, caracterizado por la mezcla de elementos grecolatinos y germánicos y la construcción de sólidos edificios religiosos y militares. Y como gótico al arte de la Baja Edad Media que se caracteriza por la construcción de altos edificios – religiosos y civiles – mucho más esbeltos, amplios y luminosos, y por la aparición de la escultura exenta y la pintura de tema no religioso.
Épica
La épica medieval tiene su origen en el interés del público – tanto los nobles como el pueblo – por conocer su historia.
La poesía épica medieval, de carácter narrativo, tuvo su fuente fundamental en las tradiciones orales germánicas y célticas de los tiempos de las invasiones bárbaras. Aunque se basó en hechos históricos, recogió con el paso del tiempo elementos fantásticos y legendarios – frecuentemente sobrenaturales y mágicos -. Se fijó por escrito a partir del siglo XII. La temática se fundamenta en el sistema feudal; vasallaje, honor, hazañas bélicas…
Los cantares de gesta son obras anónimas de autoría colectiva que se transmiten por vía oral, por lo que sufre lógicas modificaciones, y que finalmente fija por escrito un autor culto. Narran las hazañas de un héroe los ideales y aspiraciones de una comunidad nacional.
El héroe de estos cantares, para alcanzar sus objetivos, se enfrenta a adversarios, traiciones y grandes dificultades, realiza sacrificios y se caracteriza por su fe cristiana, su defensa del sistema feudal, su espíritu guerrero y su código de conducta, que hacen de él un ejemplo para todos.
Estas narraciones eran recitadas por juglares, cuya labor se ve facilitada por las fórmulas, los epítetos épicos y la rima asonante.
Aparte de las hipérboles, el epíteto épico, los recursos de repetición y los nemotécnicos que son huella del origen oral (fórmulas), apenas encontramos figuras retóricas en los poemas épicos medievales – cantares de gesta -, cuyos versos – de 14 ó 16 sílabas - se agrupan en tiradas monorrimas. El lenguaje es sencillo para que resulte comprensible para el público de los juglares. Las descripciones y los diálogos sirven para caracterizar a los personajes.
En torno al año 800 se compuso en Inglaterra Beowulf, poema que narra la leyenda de este rey godo que luchó contra los francos en el siglo VI. El protagonista, para salvar su pueblo, muere tras luchar con un dragón. En torno a las mismas fechas se desarrolla la épica nórdica en la que encontramos edda - breves relatos mitológicos -, elegías – poemas de alabanza dedicados a reyes muertos – y sagas – narraciones en prosa que, escritas en el siglo XIII, recogen la tradición oral de Islandia y Noruega.
El poema épico alemán más antiguo – del siglo VIII – es el Cantar de Hildebrando. Pero el más importante es el Cantar de los Nibelungos – siglo XIII – que recoge los mitos y leyendas de los edda escandinavos. En un momento anterior al relato del cantar, Sigfrido, tras conquistar el tesoro de los nibelungos se bañó en la sangre de un dragón lo que le hace invulnerable (salvo una pequeña zona de su espalda que quedó cubierta por una hoja). En la primera parte del cantar Sigfrido se enamora de Krimilda. Su hermano, el rey Gunter, acepta que se casen con la condición de que Sigfrido le ayude a conquistar a Brunilda, que le exige superar tres pruebas. Las dos bodas se celebran, pero años más tarde Brunilda conoce el engaño y pide al caballero Hagen que mate a Sigfrido. Hagen descubre su punto vulnerable y mata a Sigfrido. En la segunda parte asistimos a la venganza de Krimilda que se casa con Atila, rey de los hunos, y mata ella misma a Gunter y a Hagen.
El cantar de gesta de la literatura francesa es el Cantar de Roldán, de finales del siglo XI. El cantar se inspira en la derrota de Carlomagno ante los vascones en Roncesvalles, pero el cantar presenta como enemigos de Carlomagno a los musulmanes. Un traidor, Ganelón, convence a Carlomagno de que deje a su sobrino Roldán en la retaguardia y esto provoca la la derrota y muerte de Roldán. Carlomagno entonces regresa para vencer a los moros y ajusticia a Ganelón.
El Poema de Mío Cid, del siglo XII, es el cantar de gesta castellano. El Cid, desterrado por el rey debido a injustas acusaciones, intentará recuperar el favor real mediante su lealtad y sus conquistas militares. El honor del Cid, nuevamente mancillado tras la violación de sus hijas será reparado mediante la justicia. El PMC marca dos importantes diferencias respecto a otros poemas épicos; los hechos que narran son cercanos en el tiempo y, carente de elementos fantásticos, resulta mucho más realista.
Narrativa
De los cantares de gestan se deriva una narrativa caballeresca escrita en verso, de carácter culto, cuyo autor no es anónimo y que se escribe para ser leída. Una narrativa destinada a los nobles de la corte.
En estos relatos – reciben el nombre de roman courtois (novela cortesana) – se integran con total normalidad los elementos mágicos y maravillosos. El héroe caballeresco obedece siempre valores como la valentía, el amor, la generosidad, el sacrificio… con el objetivo de alcanzar prestigio social y perfección moral. Y ama a una dama por la que realiza todo tipo de hazañas.
Frente a los valores colectivos de la épica, prima aquí el individualismo – propia de la época - y el caballero afronta los peligros en soledad. Sus aventuras tienen por objeto una búsqueda. En los roman lo femenino cobra la importancia de la que carece en la épica. Como también son nuevos, respecto a la épica, los valores refinados que derivan del amor cortés; la generosidad, los buenos modales… También hay en los roman descripciones coloridas de ropas, joyas, armas, banquetes y objetos lujosos propios del mundo aristocrático.
Destaca en esta narrativa caballeresca la llamada “materia de Bretaña”; las leyendas de origen celta cuyos protagonistas son el rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. El ciclo artúrico tiene un gran cultivo y difusión durante los siglos XII y XIII que se inicia con Historia de los reyes de Bretaña de Geoffrey de Monmouth.
En estos relatos, además de integrarse fácilmente lo sobrenatural y lo mágico, se adaptan las leyendas célticas al mundo feudal y el ambiente cortesano de la época y se produce una cristianización de los contenidos, especialmente mediante el tema de la búsqueda del Santo Grial. Estos relatos son precursores de las novelas de caballerías de los siglos XVI y XV.
Destacan en el ciclo artúrico los relatos de Chértien de Troyes (c. 1135 – c. 1190) y en ellos los valores del amor cortés – aquí el poeta amante de la lírica cortés es sustituido por el caballero amante -; sus protagonistas ponen todos sus esfuerzos al servicio del amor. Sus obras se centran en la corte del Arturo, rey de Camelot. Junto al Cuento del Grial – inacabado – de sus cinco obras conocidas destacan El caballero de la carreta, en las que el amor entre Lanzarote del Lago y la reina Ginebra es el motor de las hazañas del caballero, y El caballero del león.
Varios autores escribieron en el siglo XII versiones del amor entre Tristán e Isolda que aunque no pertenecen al ciclo artúrico están muy relacionados con él. Tristán viaja a Irlanda en busca de la prometida de su tío el rey Marco, Isolda. En el barco de regreso a Francia, Tristán e Isolda beben por error un filtro de amor destinado a asegurar el amor eterno entre Isolda y el rey Marco. Esto les obliga a separarse. Pero Tristán, herido de muerte, pide ver a Isolda por última vez. Ella no consigue llegar a tiempo y acaba muriendo de pena junto al cadáver de Tristán.
La leyenda de Tristán la desarrollo también en sus lais (poemas narrativos en lengua anglo normanda) la poetisa María de Francia. Lo hizo en el poema La madreselva, en el que la madreselva y el avellano se abrazan como los enamorados Tristán e Isolda y se transgreden las normas de amor cortés. Por eso el amor de estos enamorados es imposible y su única solución es la muerte.
La novela cortesana y la materia de Bretaña tuvieron cultivo también en Alemania y en Inglaterra – no en inglés, pues la lengua de la corte era el francés -.
Junto a la materia de Bretaña hubo también en la novela cortesana francesa reelaboraciones de temas de origen grecolatino a los que se incorporaron elementos medievales; Roman de Eneas, Roman de Tebas, Roman de Troya, Roman de Alexandre.
Frente a esta narrativa cortés y caballeresca, también a partir del siglo XII, aparece una cuentística satírica y de intención didáctica. Destacan los fabliaux, relatos cortos de versos octosílabos, escritos para ser leídos en público y recitados por los juglares, de intención cómica y sin pretensión moral. De estructura sencilla y ambiente urbano, consisten en la burla de un personaje poderoso pero antipático. Sus personajes son campesinos, burgueses o marginados. Su comicidad reside en sus finales en los que el vicio triunfa sobre la virtud.
A partir del siglo XI, principalmente en la literatura española, se componen obras que recogen cuentos de origen clásico – como las fábulas de Esopo y Fedro – y cuentos de origen oriental que, debido a la presencia árabe en la Península y a través de Las mil y una noche en particular, se incorporan a la literatura europea. Destacan Disciplina clericalis, compuesto en latín por Pedro Alfonso y, ya durante el reinado de Alfonso X, las colecciones Calila e Dimna y Sendebar. En el siglo XIV se recogen en El conde Lucanor, del infante don Juan Manuel y entre los distintos elementos que componen el Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita. Obra ésta perteneciente al llamado mester de clerecía que en el siglo anterior, con su característica estrofa – la cuaderna vía – había dejado obras de carácter narrativo como las de Gonzalo de Berceo – entre las que destaca Milagros de Nuestra Señora – o como el Libro de Alexandre.
Lírica
La poesía lírica medieval, muy vinculada a la recitación y a la música, tiene como temática principal, pero no única, el amor. Hay que distinguir entre una lírica de origen popular y otra de creación culta.
En la poesía popular destacan las composiciones breves en las que una joven lamenta, ante su madre, sus hermanas o sus amigas, la ausencia de su amado o se despide de él. Esta poesía fue especialmente cultivada en la península ibérica mediante las jarchas en mozárabe (insertadas en las moaxajas, poemas cultos árabes), los villancicos en castellano y las cantigas de amigo en gallego.
En la lírica culta destaca la poesía provenzal que se desarrolló entre los siglos XI y XIII en Cataluña, el sur de Francia y el norte de Italia. Llamamos trovadores a los poetas cultos autores de esta poesía que está dirigida a la aristocracia y que es de temática, fundamentalmente, amorosa. Encontramos en la poesía provenzal cinco tipos de poemas:

  • Cançó; de tema amorosa, desarrolla el concepto del amor cortés
  • Sirventés: de temática burlesca
  • Tençó: debate entre poetas
  • Alba: canta la despedida de los amantes al amanecer
  • Planto: lamento por la muerte de un personaje ilustre
La gran aportación de la poesía provenzal es el concepto de “amor cortés” que se caracteriza porque el poeta adopta una posición de obediencia a una dama – que, en un principio, le rechaza -, sirviéndola en cuanto le pida y aceptando sus reproches aunque sean injustos. De este modo, la relación amorosa es reflejo del sistema feudal fundamentado en el vasallaje. A cambio de su servicio de amor el poeta no espera obtener ninguna recompensa. El amor que inspira la dama es fuente de bondad y perfección que lleva al poeta a actuar de manera cortés, refinada y mesurada, buscando la armonía entre el corazón y la inteligencia. La dama, generalmente una mujer casada, es presentada de manera idealizada e inaccesible, como objeto de veneración.
La poesía provenzal tuvo imitadores en la literatura alemana y en la italiana. Y en la del norte de Francia, donde destaca el Roman de la rosa; el poeta se enamora de una rosa, símbolo de la mujer ideal, y personajes alegóricos – Belleza, Amor, Razón, Castidad… - le ayudan u obstaculizan su conquista amorosa.
En los siglos XII y XIII los goliardos – clérigos que vagabundeaban y buscaban en las universidades conocimientos que no encontraban en los monasterios – escribieron, en latín y anónimamente, una poesía, sólo comprensible para personas cultas, que glosaba su forma de vida. Son temas de la poesía goliardesca la sátira anticlerical, el amor carnal, el ambiente tabernario y prostibulario, los cambios de la fortuna, la parodia de textos religiosos… Carmina Burana es el más conocido de los cancioneros que recogen la poesía goliardesca.
Teatro
Ya desde el siglo I el teatro entró en decadencia en el Imperio Romano y los juegos de gladiadores y las carreras de cuadrigas le sustituyeron en el favor del público. En todo caso, frente a la tragedia el público prefirió formas teatrales más sencillas como el mimo. Además, el teatro proponía una moralidad muy alejada de los valores cristianos. Por estas razones el teatro sólo pervivió en la Edad Media en las copias manuscritas de las obras clásicas que se conservaron en los monasterios.
La primera manifestación teatral medieval son los seis sencillos dramas de tema religioso compuestos en el siglo X por la monja Rosvita de Gandersheim. En las mismas fechas aparecieron los tropos, pequeños cánticos en latín que se insertaban en la liturgia de algunas fechas señaladas. La Natividad y la Pasión son sus temas fundamentales. Estas brevísimas representaciones, que se incluían en el canto del coro, pasaron a representarse en el altar y, a medida que fueron creciendo, pasaron a la nave de la iglesia y luego a su pórtico, ya en lengua vulgar, y de ahí a la plaza cuando en las representaciones fueron apareciendo elementos cómicos o profanos.
Las primeras obras profanas, farsas, son de finales del siglo XII y se inspiran en la temática de los fabliaux. Son pues de carácter cómico y de intención caricaturesca. En el siglo XIV se extendieron las Danzas de la muerte, en las que un personaje que representa a la muerte va llamando a personajes de todos los estamentos sociales afirmando así el poder igualador de la muerte.
Otras literaturas
Los sucesores de Mahoma redactaron en el siglo VII el Corán, su libro sagrado, que es la primera manifestación de la literatura árabe. Entre los siglos IX y XV se compuso, a partir de materiales tomados de las literaturas hindú y mesopotámica, Las mil y una noches. En la poesía árabe medieval destacan dos poetas; Abu Nuwás, de origen persa cuyos poemas cantan al vino y a la homosexualidad – por lo que no estuvo bien visto – y el hispanoárabe Ibn Quzman que describe en sus poemas la vida cotidiana.
En Japón la escritora Murasaki Shikibu, en el siglo X, escribió la Novela de Genji, que narra las aventuras de este príncipe, hijo de un antiguo emperador.

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