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La novela en la segunda mitad del siglo XX

Edward Hopper, Noche de verano (1947).
La Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias, la tensa estabilidad de la Guerra Fría en un mundo dividido en dos bloques, el crecimiento económico y los avances científicos y tecnológicos marcaron la vida en la segunda mitad del siglo XX. En la que, al mismo tiempo, la expansión de los medios de comunicación y la reducción del analfabetismo contribuyeron a la globalización de la cultura.
El horror de la SGM (sus sesenta millones de muertos, el holocausto, las bombas atómicas…) dio lugar a un sentimiento de desolación y de decepción que se manifestó en el pensamiento existencialista que tuvo en los escritores franceses su principal expresión literaria. El filósofo Jean-Paul Sartre (1905 -1980) afirma que el ser humano está solo para dar sentido a su vida y que ha de hacerlo eligiendo. La naúsea es su principal novela. Simone de Beauvior (1908 – 1986) se centró en la conciencia feminista y entre sus novelas destaca El segundo sexo. Para Albert Camus (1913 – 1960) no hay más certeza que la muerte, lo que obliga al hombre a vivir lo más posible. El protagonista de El extranjero comete un crimen absurdo e inmotivado; la novela reflexiona sobre el sinsentido de la vida. Mientras que La peste lo hace sobre la necesidad de solidaridad y compromiso entre los seres humanos.
En los años cincuenta, la novela francesa sufre un proceso de renovación protagonizada por la llamada nouveau roman; desaparición del narrador omnisciente, multiplicidad de puntos de vista, ruptura de la linealidad argumental y temporal, desaparición de la figura del héroe como protagonista y abundancia de descripciones. La consecuencia es una narrativa centrada en el objeto y su descripción de la que desaparece el narrador, la acción y el análisis psicológico de los personajes. Entre los autores del nouveau roman destacan las novelistas Marguerite Duras (1914 – 1996) – El amante -, Françoise Sagan (1935 – 2004) – Buenos días, tristeza – y Marguerite Yourcenar (1903 – 1987) – Memorias de Adriano -.
Tras la nouveau roman, la novela recuperó el interés por la trama, por la historia, en detrimento de la experimentación y la renovación formal. A esta recuperación del gusto por contar contribuyó también la conversión de la novela en producto de consumo y, como consecuencia de ello, el cultivo de la novela de “género”.
La preocupación existencialista derivó en preocupación social y, así, también en los cincuenta se desarrolló un movimiento neorrealista de contenido social especialmente importante en la novela y el cine italiano pero también en España y en Inglaterra con el grupo de los Jóvenes Airados – Alan Sillitoe, La soledad del corredor de fondo, Sábado por la noche y domingo por la mañana -. El neorrealismo presenta situaciones cotidianas protagonizadas por las clases bajas.
En Italia destacan Cesare Pavese y Alberto Moravia. Y, posteriormente, Tomasi de Lampedusa, Italo Calvino y Umberto Eco. En Inglaterra las cuatro novelas de El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell es una de las obras más importantes de este periodo. Luego, en los años 80, la revista Granta dio nombre a una generación de escritores entre los que destacan Martin Amis y Ian McEwan.
Paralelamente, en Estados Unidos aparece la generación beat como una corriente contracultural y rebelde frente a la moral imperante, que se inspira en el jazz y defiende el consumo de drogas y el amor libre. En el camino, de Jack Kerouac, es la novela icónica de este movimiento al que pertenece también William Burroughs – Yonki -. Al mismo tiempo que los beatniks, aparecen narradores que como Truman Capote, cuya A sangre fría (1966), narrada a modo de reportaje periodístico, origina el llamada Nuevo periodismo, en el que también se inscribe Tom Wolfe – La hoguera de las vanidades - y Norman Mailer – Los desnudos y los muertos -. El nuevo periodismo combina elementos propios de la novela con otros de la investigación periodística.
Raymond Carver y Charles Bukowski son, a partir de los años setenta, los principales narradores del Realismo sucio, que relata con sobriedad expresiva escenas sórdidas de la realidad cotidiana y tratando de manera explícita, la soledad, los problemas familiares, la violencia y el sexo.
En Alemania nació el Grupo 47 – pretende recuperar los valores de la sociedad alemana, como la generación del 98 lo había pretendido en el caso de España -, cuya narrativa combinaba el experimentalismo formal con el compromiso intelectual. Destaca en este grupo Günter Grass (1927 – 2015), autor de El tambor de hojalata, protagonizada por un niño que decide dejar de crecer en la Alemania nazi. Y Heinrich Böll, de estilo sencillo y autor de Opiniones de un payaso.
En la Unión Soviética el realismo socialista se impulsó desde 1932 y el arte y la literatura fueron medio de propaganda de los valores revolucionarios. Sin embargo, destacan en la novela soviética tres autores que sufrieron la represión política; Boris Pasternak (1890 – 1960), autor de Doctor Zhivago, cuyo protagonista recorre el país durante la revolución, Alexander Solzhenitsyn (1918 – 2008), quien en Archipiélago Gulag recoge su experiencia como preso político, y Vasili Grossman (1905 – 1964), muy crítico con la política de Stalin, no vio publicada su Vida y destino hasta 1988.
En Hispanoamericana, a partir de 1940 la novela abandona la temática indigenista de las décadas anteriores y nace una nueva novela de ambiente urbano que apuesta por la renovación formal abandonando el realismo decimonónico siguiendo los pasos de los renovadores europeos y norteamericanos. En los años sesenta se produjo el llamado “boom” de la novela hispanoamericana que colocó al más alto nivel internacional a autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes.
Como se ha dicho la novela de género tuvo un importante desarrollo en este periodo. En la novela de ciencia ficción destacan los británicos William Golding, autor de El señor de las moscas, y Anthony Burgess, autor de La naranja mecánica. Y los norteamericanos Ray Bradbury, autor de Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, y Phillip K. Dick, autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, conocida por su versión cinematográfica, Blade runner.
Han tenido también gran repercusión algunas sagas de novela fantástica como El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, Las crónicas de Narnia, de C.S. Lewis. Y Harry Potter, de J. K. Rowling.
En cuanto a la novela criminal, tanto en su vertiente policiaca como en la negra ha tenido un importante desarrollo extendiéndose a países y lenguas distintas a la inglesa. Especial importancia tiene el desarrollo del género en los países escandinavos, a partir de la serie del inspector Beck creada por Maj Sjöwall y Per Whalöö, Destacando Henning Mankell y su comisario Wallander.

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