La poesía en el siglo XX
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| Tullio Crali, Bombardeo aéreo (1932). |
La poesía inició el siglo XX bajo la influencia del simbolismo, si bien buscó una mayor libertad formal que llevó al predominio del verso libre y una mayor preocupación por el ritmo, la musicalidad, el empleo de un lenguaje sorprendente y de la metáfora. Se trata de una poesía hermética caracterizada por la sugerencia y la evocación y que pretende reflexionar sobre la realidad interior.
El francés Paul Valéry (1871 – 1945) fue el más importante poeta del momento e impulsor del concepto de poesía pura; la búsqueda de la belleza a partir del trabajo de depuración intelectual del verso, intenta despojar de todo lo superfluo y anecdótico para encontrar su esencia. Su lenguaje es, pues, bastante abstracto, cuida especialmente el ritmo y la musicalidad y encuentra su temática habitual en la mitología y la cultura clásica. Valéry tuvo una importante influencia en la poesía española – Juan Ramón Jiménez -.
El alemán Rainer Maria Rilke (1875 – 1926) escribió una poesía muy conceptual, de lenguaje metafísico y preocupación existencial. La poesía del irlandés William Butler Yeats (1865 – 1939), de lenguaje sencillo, se inspira en la historia y la mitología de su país. La del griego Constantino Kavafis (1863 – 1933) recurre al mundo helénico para expresar, con tono melancólico, intimidad y sentimientos. El recuerdo de la felicidad perdida, de los placeres vividos, el paso del tiempo y la brevedad de la vida son sus temas habituales, junto al erotismo. Completa el panorama el portugués Fernando Pessoa (1888 – 1935) que, a través de sus cinco heterónimos (seudónimos dotados de identidad y voz propia), escribió una poesía de tono melancólico.
A partir de la segunda década del siglo surgieron las movimientos artísticos de vanguardia. Las vanguardias pretenden rompen con los fundamentos del arte tradicional y con la sociedad burguesa. Se definen como antiburguesas. Forman un conjunto de experimentos creadores, que se sucedieron rápidamente unos a otros, que pretenden violentamente con el arte burgués. Parten de la idea de que un mundo incoherente debe representarse de manera incoherente. Junto a la rebeldía tienen como características generales la búsqueda constante de originalidad e innovación, el rechazo del sentimentalismo y dirigirse a una minoría culta. Las vanguardias transgredieron las normas, negaron la belleza, gustaron de la experimentación y de la provocación, mantuvieron una actitud agresiva, un carácter lúdico y un desea de extrañar.
Los distintos movimientos de vanguardia expresaron sus ideas mediante la publicación de manifiestos. El primero de ellos es el Manifiesto futurista de 1909, de Filippo Marinetti. El futurismo exalta lo nacional, el belicismo y la modernidad (ambiente urbano, maquinismo, deportes), tiene una visión dinámica de la vida y la modernidad (velocidad, movimiento), emplea un lenguaje en el que predominan los sustantivos y los verbos en infinitivo y rechaza la presentación tipográfica tradicional. Aunque se vincula el futurismo con el ascenso del fascismo en Italia, también se inscribe en este movimiento el ruso Vladimir Maiakovski, cuya poesía está vinculada a la revolución soviética.
El expresionismo tuvo sus más destacados seguidores en Alemania. Fue especialmente relevante en la pintura y en el cine alemanes de las primeras décadas del siglo. La poesía expresionista participa también de los principales rasgos del movimiento; expresión de los sentimientos subjetivos, crítica de la sociedad burguesa y del Estado, reflejo de los aspectos grotescos y absurdos de la realidad y del horror de la guerra y de la degradación de la civilización.
Se caracteriza el cubismo por presentar la realidad desde perspectivas distintas y simultáneas, por la supresión de nexos oracionales, por el empleo de la escritura caligramática y el sentido lúdico y los juegos de palabras. Guillaume Apollinaire (1880 – 1918) y Jean Cocteau (1887 – 1961) fueron los poetas cubistas más importantes.
El rumano Tristan Tzara (1896 – 1963), exiliado en Suiza, fue el iniciador del dadaísmo, movimiento que expresa su rechazo del mundo y de la lógica mediante la palabra dada que no significada nada. El dadaísmo se caracteriza por el rechazo de la lógica, el pesimismo, el gusto por la provocación y el escándalo, el humor crítico e irónico, el gusto por la improvisación y la experimentación y la intención de integrar todas las artes en un lenguaje total. El collage es el procedimiento creativo propio del dadaísmo; recortar palabras del periódico y sacarlas al azar de un saco para formar el poema.
El Primer manifiesto surrealista, de 1924, da inicio al surrealismo que, heredero del dadaísmo, recibe la influencia del psicoanálisis de Freud y propugna la escritura automática, dejando fluir el inconsciente. El objetivo del surrealismo es ir más allá de la apariencia exterior de las cosas, de la realidad, evitando la influencia de lo racional y lo consciente. Superar la realidad mediante la integración de los sueños, donde el subconsciente no está reprimido por las normas morales. Junto al empleo de la escritura automática, caracterizan al surrealismo su oposición a la moral tradicional, transgrediendo tabúes, su eliminación de la métrica y la rima, el empleo de imágenes sorprendentes y el interés por los sueños, al hipnosis…
El surrealismo fue la vanguardia que en poesía alcanzó mayor relevancia. Iniciado por André Breton (1896 – 1966), fue continuado por Paul Éluard (1895 – 1952) y Louis Aragon (1897 -1982).
París fue el foco de todas las vanguardias, sin embargo, en la poesía de lengua inglesa, surgió el imaginismo, que, mediante el ritmo y el rigor expresivo, pretende ofrecer una expresión directa y sensorial de la realidad. Erza Pound (1885 – 1972), T. S. Elliot ((1886 – 1973) y W. H. Auden (1907 – 1973) fueron los principales poetas imaginistas. Erza Pound defendía una escritura precisa, de frases cortas y palabras exactas evitando tanto cualquier elemento superfluo como la expresión personal. Eliot continuó la línea de Pound y introdujo en su poesía un tono religioso al convertirse al catolicismo. El compromiso social caracteriza la poesía imaginista de Auden.
Tras la Segunda Guerra Mundial, destaca la poesía del alemán Grupo 47; la obra de Paul Celan (1920 – 1970), de origen rumano y víctima del holocausto que reflexiona sobre al imposibilidad de comunicación del ser humano y el lirismo de Hans Magnus Enzensberger (1929). En Italia destacan poetas como Salvatore Quasimodo (1901 – 1968) o Cesare Pavese (1908 – 1950). En la poesía en lengua francesa hay que significar la poesía del senegalés Léopold Sédar Senghor (1906 – 2001) y el estilo sencillo y el tono cotidiano de los poemas de Jacques Prévert (1900 – 1977).
A partir de 1950 apareció en Inglaterra The Movement, que reivindica una poesía racional y sencilla, en la que destacan Philip Larkin (1922 – 1985) y Sylvia Plath (1932 – 1963), nacida en Estados Unidos, y que tiene su antecedente en Dylan Thomas (1914 – 1953), quien, desde el surrealismo evolucionó hacia una poesía más accesible que aborda el tema de la oposición entre deseo y realidad y sobre la capacidad de la poesía para entender el mundo. En Estados Unidos sobresale la poesía de la generación beat; la poesía de Allen Ginsberg (1926 – 1997) es ejemplo del rechazo de los valores establecidos de los beatniks.

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